miércoles, 9 de septiembre de 2020

Miscelánea - Hipocresía y Democracia

   


Por James Cifuentes Maldonado 

 

Por estimarlo útil, por estos días de inquietud política en Pereira, cito apartes del planteamiento de la causal sobre la cual el Consejo de Estado anuló la elección de Aída Merlano como senadora:

(…) considera la Sala que el análisis de la incidencia de las prácticas relacionadas con corrupción que afecten la libertad del elector deben ser estudiadas no desde la óptica de la causal objetiva de nulidad electoral, sino desde el punto de vista subjetivo caso en el cual no se requeriría de la demostración taxativa de los requisitos en cita. (…) ... es claro que la causal de nulidad electoral endilgada y analizada en el caso concreto difiere de la causal de violencia tradicionalmente abordada por la Sala, toda vez que en este evento lo que se censura es la conducta de la demandada desde el punto de vista de la corrupción, por cuanto las prácticas corruptas que afecten la libertad del elector y la pureza que debe caracterizar el voto, atentan no sólo contra los principios democráticos del Estado Social de Derecho sino además, contra normas de rango constitucional. (…).

Bajo este precedente, para anular una elección, por presunto constreñimiento, basados en la causal subjetiva, más allá de probar quién, cómo, y cuándo se coaccionó al elector, es suficiente con evidenciar que se configuró el componente de corrupción, como en el caso Merlano, donde además de las responsabilidades individuales que vincularon a un grupo de personas con unos elementos materiales como certificados electorales, cédulas y dinero en efectivo, era ostensible que lo hecho por esa organización, indistintamente de la voluntad final de los electores en las urnas, fueron actos contrarios a los principios democráticos y a la Constitución que, por tanto, deslegitimaron la elección de la señora Aida Merlano como senadora.

Desde esta óptica, si un cargamento de fruta llega descompuesto a su destino, para justificar su rechazo no importa tanto saber quién dejó podrir la carga, ni cómo, bastando con establecer que llegó dañada, porque ese fue el efecto, porque la fruta se vio mal y además olió mal.

Por la contundencia de las evidencias y lo escandaloso de los hechos, nadie en este país abogó por Aída Merlano y la revocación de su curul fue asimilada fácilmente, pero los efectos de la sentencia en general no fueron dimensionados hacia el futuro, siendo previsible que, en la medida en que surjan más procesos, en los que se logre establecer la corrupción como el elemento fundante del constreñimiento o de la violación al derecho al voto, el impacto será más profundo.

No existe una categoría jurídica que defina y limite los actos corruptos, por lo tanto podría decirse que, además de los delitos electorales ya tipificados, corrupción es cualquier cosa, como el tráfico de influencias o de favores, de promesas para el reparto de puestos y de contratos y todo aquello conocido como clientelismo o “mermelada”, para ganar adeptos y votos; y se pregunta uno: ¿la más mínima “impureza” será el rasero que los jueces seguirán aplicando para anular elecciones populares?, si así fuera ¿Qué incidencia tendrá en las campañas?, o ¿será que dejamos la hipocresía y asumimos que llegó la hora de reglamentar el artículo 127 de la Constitución, para controlar la intervención de los servidores públicos en política?.

viernes, 4 de septiembre de 2020

La presunción de inocencia como garantía constitucional no es selectiva, es para todos.

 

Por James Cifuentes Maldonado


Esta semana nos enteramos del fallo judicial de primera instancia que anula la elección del actual alcalde de Pereira, y aunque suena obvio hay que decir que todos los ciudadanos, sin excepción, debemos ser consecuentes con la connotación que hay en ello, esto es, que lo decidido no está en firme, porque resta el trámite de la segunda instancia en el Consejo de Estado, máxima autoridad en la materia. Por lo tanto, aunque son respetables todas las opiniones que hoy se escuchan sobre la determinación que tomó el Tribunal Administrativo de Risaralda, es lamentable que algunos dirigentes no aprecien los hechos en la dimensión de lo que ha pasado hasta el momento y lancen juicios de valor, que más bien son ataques de oportunismo político, como si la campaña no hubiera terminado, como si el asunto ya hubiera sido resuelto y como si la segunda instancia ya se hubiera pronunciado. 

 

Se impone hoy, como en otros casos, todos reprochables, el doble rasero en el cual para unos la presunción de inocencia opera dependiendo de quién sea el acusado, legítima sólo si se reclama para sí mismo, en tanto que, si la invoca el adversario, ese  derecho constitucional se torna inexistente y no se tiene ningún problema en condenar a priori, saltándose el conducto regular de la justicia que no se ha agotado y de paso confundiendo la opinión pública, para obtener réditos y protagonismo, como si fuera un axioma que en la política no puede haber lealtad y que todo se vale para acabar con el contrincante.  

 

Leída la decisión del Tribunal Administrativo de Risaralda, que anula la elección del alcalde de Pereira, en principio encuentro que ha sido dictada en derecho y sustentada en pruebas que efectivamente obran en el proceso, sin embargo, estimo que en lo jurídico se queda corta al no apreciar el asunto en el contexto amplio que rodea los procesos electorales, en relación con la forma en que se desarrolla el ejercicio democrático y cómo se dan las campañas en la práctica.  

 

En relación con el componente tecnológico que rodea algunos hechos de la demanda, el Tribunal no tuvo en cuenta el principio de neutralidad consagrado en la legislación colombiana que, de haberse considerado, hubiera dejado el tema de los referidos en la dimensión que ha tenido siempre, en la normal recolección de datos de simpatizantes o potenciales electores, a través de listados, lo cual no es una novedad, eso se ha hecho siempre a través de reuniones, en medios rudimentarios como cuadernos o en su lugar hojas de Excel, siendo que lo único novedoso ahora es que se hace a través de aplicaciones o Apps, siendo claro que las aplicaciones son transparentes como herramientas o facilidades o desarrollos, que han hecho que muchos procesos y actividades en el mundo se hayan optimizado, lo cual es el objetivo fundamental de la tecnología.  

 

Al respecto el numeral 6 del artículo 2° de la Ley 1341 de 2009 establece lo siguiente:  

 

El Estado garantizará la libre adopción de tecnologías, teniendo en cuenta recomendaciones, conceptos y normativas de los organismos internacionales competentes e idóneos en la materia, que permitan fomentar la eficiente prestación de servicios, contenidos y aplicaciones que usen Tecnologías de la Información y las Comunicaciones y garantizar la libre y leal competencia, y que su adopción sea armónica con el desarrollo ambiental sostenible

 

Entonces, de acuerdo con la norma citada, al margen del componente tecnológico, los listados de personas, son eso, meros listados, que los elaboran todas las campañas políticas para orientar sus estrategias, aquí en Pereira y en cualquier parte del mundo, lo que llevaría a pensar que en el caso de la campaña del señor Maya a la alcaldía de Pereira y el uso de la App Kontacto, no estaríamos necesariamente ante una situación ilegal, como lo concluyó en primera instancia el Tribunal, sino ante una lectura anacrónica y rezagada del aprovechamiento de los medios tecnológicos en los procesos democráticos. 

 

En relación con las pruebas, aportadas por la parte demandante, igualmente queda la sensación de que no fueron apreciadas en la totalidad de sus alcances, y especialmente no se entiende cómo sobre dichas pruebas el Tribunal erigió el cargo de violación del derecho a la libertad de voto, cuando los presupuestos de hecho de esa conducta y su nexo causa-efecto en el caso concreto no fueron demostrados, ya que, apegados a lo sucedido en la campaña del señor Maya, de cara a las elecciones del pasado 27 de octubre, comprobar la materialización de un supuesto constreñimiento, como la afectación violenta y efectiva de la voluntad de los ciudadanos, en el ejercicio final en las urnas, es imposible, entre otras cosas porque el voto en Colombia es secreto, pero además porque la mera recolección de los referidos de ninguna manera tiene la capacidad de incidir en la autonomía de los votantes.   

 

No puede pasarse por alto que el concepto de la Procuraduría, rendido en este caso, aborda parte de los elementos que aquí se han analizado, con mucha más precisión, para llegar a descartar vicios en la elección del alcalde Maya, aunque si advirtiendo que pudieron presentarse faltas disciplinarias por parte de algunos funcionarios, por presunta participación en política, lo cual es otro asunto que en absoluto tiene la vocación de afectar el proceso electoral y mucho menos de anularlo.  

 

Indistintamente de quien sea el alcalde hoy, en cualquier municipio de Colombia, las costumbres políticas para elegirlo y para conformar los gobiernos son las mismas, y eso los partidos, la ciudadanía y las autoridades lo saben, lo que pasa es que las apreciaciones de los actores dependen de si se ganan o se pierden las elecciones, habiéndose vuelto costumbre no aceptar los resultados.  

 

Hoy Carlos Maya sigue siendo el alcalde de Pereira, y en tal posición es natural que deba soportar los ataques de quienes, de cualquier modo, insisten en deslegitimar su investidura, a sabiendas de que en su campaña y en su proceso de elección en el fondo no sucedió nada que no corresponda a las formas en que históricamente se ha hecho la política en este país.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Miscelánea - A vivir en modo pandemia


Por James Cifuentes Maldonado 

  

En sus marcas, listos ya… ayer los noticieros de radio y televisión nos hicieron sentir que el mundo se volvió a crear, y… si pero no. El mundo no se acabó y la pandemia tampoco, pero en parte si ha caído esa idea y esa barrera sicológica del confinamiento, contenida en los decretos nacionales y locales que cada mes nos imponían un mar de prohibiciones y otro mar de excepciones, nada más confuso. Hoy, los nuevos decretos nos autorizan prácticamente a todo, menos para ir al bar o a la discoteca, ir a conciertos o eventos masivos, tomarnos una cerveza en el espacio público o aglomerarnos en la calle, lo cual incluye mantener en suspenso el derecho de manifestarnos y protestar, lo que significa que debemos seguir bailando, bebiendo y protestando, en casa. 

 

Retomamos muchas cosas que parecen nuevas: Se abre el turismo, podemos volver sin restricción a las carreteras, para vivir Colombia y viajar por ella, se empieza a normalizar la operación aérea; aunque con control de aforos, los restaurantes, hostales y hoteles se volverán a colmar, y lo más importante, las familias volverán a reunirse los fines de semana en la casa de la abuela, sin ese halo de clandestinidad con el que se venía haciendo; podremos volver a recibir visitas, sin que el vecino cansón del conjunto llame a la portería a poner la queja. 

 

Regresa el fútbol, volveremos a ver al amado Deportivo Pereira sobreviviendo en la A, así sea por televisión, tal y como ahora estamos viendo el Tour de Francia, como lo hemos visto siempre, como ven y viven, casi todo, la mayoría de compatriotas, por la pantalla chica; porque la gran mayoría no tienen carro, no viajan por carretera, no comen en restaurantes ni se alojan en hoteles, no han visto el mar y no tienen pasaporte. Esta es la vieja realidad, es la realidad de siempre, de ese otro país que muchos desconocen y que está reactivado prácticamente desde abril, la realidad del rebusque de los que, si paran un día, no comen ese día y así sucesivamente. 

 

No es volver a nacer, pero sí es mucho para estar contentos pero prudentes; es obvio que la reactivación de unos significa la oportunidad de otros; si el dinero fluye, fluye todo; si bien para unos la reapertura se traduce en lujos y mayor calidad de vida y para otros en mera supervivencia, es la vida al fin, la vida que queremos vivir, por lo menos como era antes que la COVID-19 y los tapabocas llegaran para quedarse. 

 

ADENDA. Ahora que el proceso de Alvaro Uribe pasa a ser instruido por la Fiscalía, me quedo tranquilo, porque muchos indignados con la Corte vuelven a la institucionalidad, y para que sigamos adelante les propongo una forma alternativa de imparcialidad: Supongamos que todo cuanto se dice alrededor de la violencia en Colombia es incierto, que nada de lo que dicen desde la ultra derecha y desde la ultra izquierda es verdad, o por lo menos que es oscuro; asumamos que cada quien copa los medios de comunicación y las redes sociales con la versión que más le gusta o le conviene. Por mi parte ya he escuchado suficientemente la explicación de la familia Uribe y de sus abogados, que pueden pagar millones para limpiar su nombre, y por eso decidí por mi cuenta conocer la otra historia. Y soy enfático, yo no leo para creer, tan solamente lo hago para lo mínimo que puedo hacer: DUDAR, dudar de todo. 

 

miércoles, 26 de agosto de 2020

Miscelánea la "nueva normalidad"

                                                       

Por James Cifuentes Maldonado

 

Mirando en retrospectiva la pandemia, con todo lo sucedido en el mundo, en el país y a nivel local, con todo el tiempo transcurrido, en nuestro caso ya prácticamente 6 meses, primero de aislamiento y luego de anormalidad con 43 excepciones, me sigue impresionando que a pesar de tanta agua pasada bajo el molino de las noticias, tantas personas contagiadas, tantas vidas perdidas, tantos estudios, tantas opiniones especializadas y la sobredosis de datos y estadísticas, en el fondo seguimos sin saber nada y con las manos atadas frente al COVID-19.

Algunos dirán  que hemos avanzado, que nos hemos defendido, hemos aguantado con el sistema de salud y hemos salvado vidas,  y estamos a punto de lograr la vacuna, y yo les contestaré que sigue faltando mucho, que la incertidumbre es la misma, y que esos resultados son circunstanciales, que se han dado en la marcha, improvisando, ensayando y errando para procurar los menores daños, y que todo lo bueno que se puede rescatar obedece a dos factores: de un lado el compromiso y la disciplina de la mayoría de los ciudadanos que hemos sabido aguantar y adaptarnos a la nueva realidad y a las restricciones, y de otro lado la audacia de las autoridades que se han atrevido a abrir la tenaza, con medidas de flexibilidad, arriesgadas pero necesarias, para que la economía no colapse, para que no muramos de hambre en nuestras casas.

En este sentido, hago un reconocimiento al manejo que ha tenido la emergencia sanitaria en Pereira, de la mano de la administración municipal, con el concurso de cientos de funcionarios y colaboradores, la mayoría silenciosos y anónimos, que con su gestión y acompañamiento han logrado que solventemos la crisis, haciéndonos sentir por ratos que en Pereira no hay aislamiento. Merece comentario especial la seriedad, el temple y la determinación del alcalde Carlos Maya que ha sabido mantener la ciudad a flote con la combinación precisa de control  y de apertura, con toda la responsabilidad que ello ha implicado.

Desde el comienzo de la pandemia el alcalde Maya picó en punta y asumió el liderazgo para exigir del gobierno nacional las medidas duras y de choque que se necesitaban en su momento, para contener el virus con el confinamiento que aplicamos entre marzo y abril, pero al mismo tiempo tuvo el criterio y el acierto de ir leyendo la situación día a día, para entender que, ante la imposibilidad de erradicar el virus y la inviabilidad de estar parados indefinidamente, era necesario actuar para asegurar la subsistencia de la ciudadanía, desde la perspectiva de la salud física y mental pero también desde la perspectiva económica.

La administración entendió que debía prestar la asistencia social con ayudas en los momentos más difíciles,  que debía levantar el pico y placa, que no podía abusar del pico y cédula ni del toque de queda, que debía prestar todas las garantías para que la gente se movilizara para trabajar pero también para hacer ejercicio, que debía reaccionar ágilmente para habilitar los establecimientos de comercio con el registro de los protocolos, y todo ello, en suma, hace que yo perciba que a partir del próximo 1° de septiembre el país entero va a vivir unas condiciones de una nueva normalidad que en Pereira venimos gozando hace ya varios meses.

Yo soy de la idea que ya estamos demasiado abiertos, por lo menos en Pereira; basta con salir a la calle y ver o recorrer la región un fin de semana. Las nuevas medidas nacionales, para el caso nuestro, no impactan. Los resultados actuales como los tenemos en Pereira, de contagiados, fallecidos y recuperados, no son catastróficos y aún con el folclorismo  que nos caracteriza, son producto principalmente del distanciamiento social y la asepsia que corresponden a esfuerzos individuales.

Es claro que la “nueva normalidad” no significa que podamos hacer fiestas o reuniones familiares que impliquen aglomeraciones, nos tenemos que cuidar afuera y aun en casa. Jamás salir sin tapabocas, no tocarnos los ojos ni la nariz y lavarnos las manos constantemente. Soy del pensar que la vida y la economía deben seguir, con sus cuidados y sus riesgos, con responsabilidad y en esto cada uno responde por sí mismo.  Eso es lo que hay, eso es lo que toca.



miércoles, 19 de agosto de 2020

Miscelánea - Nos quieren volver a enfrentar

 

Por James Cifuentes Maldonado

Conociendo los orígenes liberales y la mente abierta de Eduardo Cardona Mora, no puedo menos que sentir desaliento al ver cómo alguien tan brillante insiste en hacer maromas para congraciarse y graduarse de uribista. No entiendo cómo un partido como el Centro Democrático, en el poder, ya no en la oposición, sigue con ese discurso fatal de crisis y de hecatombe para mantener capturado el estado de opinión, so pretexto del fantasma del Castro-chavismo, manido tema sobre el cual recientemente el exconcejal escribió una columna insólita e infortunada que tituló “Bienvenidos al Prechavismo”.

Pretenden seguir con el cuento de que las Farc, con 60 mil votos y unas curules prestadas, tienen un poder y una penetración que francamente son de ficción, porque además de ser torpes en sus planteamientos, como en la negación del reclutamiento de menores,  está demostrado que Colombia no los quiere; Las Farc y el Castro-chavismo son amenazas refritas y traídas de los cabellos para ponernos a botar corriente, para agitar los ánimos y distraernos de lo verdaderamente importante, y no me refiero al proceso judicial de Uribe, sino a la espiral de violencia que se ha reactivado en los dos últimos años y que el Gobierno insiste en minimizar calificándolas como meras hipótesis sobre ajustes de cuentas entre bandidos.

En Colombia siempre ha imperado un Establecimiento que ha combatido con mayor o menor intensidad a los revoltosos, Uribe tuvo los mayores éxitos y ganó toda su popularidad por su mano dura, y eso como política en su momento estuvo bien, pero los males de la Colombia profunda ya no se limitan a los guerrilleros, y aunque eso siga siendo un problema latente con el ELN y siga siendo útil para construir narrativas que generan votos, el tema de fondo es la corrupción, es la injusticia, es el abandono de los territorios, es la inequidad social, es la indolencia frente al sacrificio de los más débiles. Esa realidad de 210 años de democracia aparente, de violencias cíclicas y de atraso, no se la debemos a Cuba o Venezuela, salvo que asumamos que la trajo Bolívar; todo eso es nuestro y es lo que no hemos sido capaces de cambiar, porque hay un sector del país empeñado en que siga siendo así.

Hoy nos quieren volver a enfrentar a medio país con la otra mitad, sobre un embrollo que se resume en la metida de pata de un señor que, para demostrar su inocencia y trasladar las acusaciones a sus antagonistas, por un presunto soborno a testigos, quizás equivocó el camino; asunto que sólo admite argumentos legales y no pasionales, siendo infame que muchos pretendan patentar el exabrupto de que cualquier juicio que se le haga a Uribe necesariamente tiene que ser político y no jurídico.

Uribe, para todos sus seguidores podrá ser muy honorable, eso no se discute, porque ello depende de una escala ética y subjetiva que es respetable; el problema es determinar si el expresidente es responsable o no de lo que se le sindica y eso corresponde solo al ámbito jurídico y no al de las meras opiniones. Porque, si así fuera, en este país siempre se impondrá la verdad de quien sea más eficiente para manipular los medios y del que sea capaz de gritar más fuerte. Si así fuera, la democracia en Colombia sería un remedo, reducida al que sea más efectivo copando y troleando las redes sociales.

miércoles, 12 de agosto de 2020

Miscelánea - Los deportistas de la pandemia

 

Por James Cifuentes Maldonado

 

Cuando a finales de abril, en el decreto nacional que actualizó las instrucciones para el aislamiento se incluyó una excepción para “fabricación, reparación, mantenimiento y compraventa de repuestos y accesorios de bicicletas convencionales y eléctricas”, tal y como hoy está  fijada en el decreto 1076 del 28 de julio, quienes hacemos el seguimiento de la norma pensamos que la medida obedecía fundamentalmente a generar alternativas de movilidad, especialmente para los trabajadores y de paso obtener una ganancia ambiental y ecológica.

La realidad superó las previsiones de la que en principio consideré era una medida más, sin mayor impacto. Si hoy nos damos una vuelta por las carreteras intermunicipales y las rutas y caminos rurales, encontramos una escena que jamás vimos ni en los mejores momentos del ciclismo, desde cuando se puso de moda, por las gestas de nuestros escarabajos; verdaderos enjambres de pedalistas en todas las variedades y presentaciones, ocupando el ancho de la calzada hasta llegar a convertirse en aglomeraciones y focos de riesgo sanitario, como los que se generan los fines de semanas en la vía al corregimiento de la Florida.

En la Florida, territorio de mayor vocación turística del municipio, hay sentimientos encontrados por parte de las autoridades y la comunidad, puesto que la afluencia de gente le viene bien a la reactivación económica, por el movimiento de los establecimientos de comercio, principalmente de comida, sin embargo no son indiferentes al compromiso que ello significa para la salud pública no solo de los lugareños sino de todos los visitantes que un solo día han llegado a contarse en más de 3000.

Cuando el confinamiento más severo pasó y se flexibilizó la práctica deportiva en espacios abiertos, yo pensé que habrían de volcarse a practicar ejercicio los que de manera regular lo han hecho en las vías activas; pero no, lo que observamos es una verdadera toma de la ciudad en la que de un momento a otro todos nos volvimos deportistas, exploradores del campo y fanáticos de la vida sana, donde es obvio concluir que ese inusitado espíritu deportivo no es más que la forma de escape que se nos hizo propicia sin violar la ley, ya que solo bastan un par de tenis y una cachucha o bajar la bicicleta que llevaba años colgada en el patio, para recobrar la libertad.

Lo delicado es que muchos no se han tomado el tema con seriedad y prácticamente se han lanzado a las calles a correr y pedalear sin contar con los más mínimos cuidados, lo que ha incrementado la ocurrencia de accidentes y quebrantos de salud, incluso fatales. A raíz del masivo uso de la bicicleta  en la pandemia, las autoridades nacionales han revelado el repunte de la accidentalidad con una variación del 31% de enero a julio de 2020, respecto del mismo periodo en el año anterior, con un total de 246 ciclistas muertos, lo que es un claro llamado a cuidarnos del virus de la Covid-19, pero también del virus de la imprudencia.

No basta con saber montar bicicleta, hay que tener un mínimo de pericia y técnica para capotear los distintos terrenos y los vehículos en la vía; no es lo mismo darse una vuelta por la manzana que subir la variante Condina o bajar a la Virginia; si no se es precavido se pueden tener percances y hasta morir en el intento…  pensémoslo.

miércoles, 5 de agosto de 2020

Miscelánea - El Expresidente que nunca fue


Por James Cifuentes Maldonado  


Omar Rincón, reconocido crítico de televisión, a mi juicio, ha sido el único en este país que ha dicho algo razonable en relación con Álvaro Uribe y la permanente polarización que genera el expresidente. Según Rincón, el problema es que no ha sido posible que alguno de los numerosos procesos judiciales abiertos a este personaje avance y llegue a término, para que se establezca una verdad oficial; siempre, por algún motivo, los expedientes de Uribe se enredan, se dilatan y no llegan a ninguna parte.

Todo lo que se podía decir de Uribe ya se dijo y ejercicios de documentación tan audaces y desafiantes como la serie Matarife, ciertamente no aportan nada nuevo a la discusión, porque recaban en lo que ya se ha ventilado públicamente, pero que es inocuo porque no lo ha declarado un juez, haciendo que caigamos en el escenario que más le ha convenido al expresidente, el de la mera confrontación verbal, agitando, confundiendo y aprovechando el estado de opinión, a través de acusaciones y contraacusaciones, sin que jamás se llegue a la discusión de lo que en verdad importa: los hechos.

Ni Uribe ni su partido se han pronunciado concretamente sobre lo qué pasó o no pasó con la Seguridad Democrática, para descartar que las masacres y genocidios que se le achacan a dicha política tuvieron conexión con su gobierno. Uribe jamás le ha plantado cara a los colombianos de una manera genuina para defender sus actuaciones como director de la Aeronáutica Civil, ni ha tratado de desvirtuar sus supuestos vínculos con el cartel de Medellín, como tampoco ha fijado su posición sobre los falsos positivos ni los excesos ya probados por la justicia en el caso de varios militares de altísimo rango, algunos de los cuales se acogieron a la JEP y han hecho serias revelaciones sobre la realidad de la guerra sucia que involucró y sacrificó a civiles inocentes con tal de mostrar resultados.

Desde hace 10 años Uribe ha dicho de todo y en todos los tonos, pero nunca se ha referido a lo sucedido; en su lugar frente a cada denuncia siempre se ha mostrado reactivo defendiendo su honor. Y a propósito de dignidades, escuché al presidente Iván Duque dando declaraciones en las que justamente ponía de presente la integridad de su mentor, sobre la base de los resultados que mostró en el combate contra la insurgencia e incluso contra el paramilitarismo, pero la reflexión que aquí surge es que la honorabilidad no se atribuye solamente por los resultados sino que también se gana por las formas y la transparencia de los métodos, de donde se generan todas las sospechas y las zonas grises de la Seguridad Democrática.

Por lo menos algunos ministros se dieron la licencia de decir impertinencias, como que el asesinato de líderes sociales obedece a líos de faldas o que la inseguridad en ciertas regiones se limita al robo de ropa extendida, pero Uribe, ni eso. ¡Ah!, perdón, haciendo memoria, de unos muchachos que aparecieron muertos, Uribe dijo que seguramente no estarían cogiendo café.

Se ha conocido que el General (r) del Ejército, Henry Torres Escalante, admitió saber en su momento, año 2007, sobre los falsos positivos y haber omitido el deber de investigar, porque le interesaron más los reconocimientos. Se pregunta uno entonces, ¿cómo puede ser que alrededor de Álvaro Uribe hayan gravitado tantas irregularidades, que directa o indirectamente ayudaron a apuntalar su fama y su prestigio, sin que él haya estado al tanto, y sin que ni siquiera le hayan generado la más mínima responsabilidad política, como sucede en muchos países civilizados en los que, por elefantes más pequeños, se caen los ministros y los presidentes?

Hoy, a raíz de la sorpresiva e inédita medida de detención al expresidente Uribe, ordenada por la Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia, en desarrollo del proceso que se le adelanta por presunto soborno a testigos, sus seguidores dicen que es una injusticia y que es una decisión política, y sus detractores dicen todo lo contrario, porque nadie está por encima de la ley y del Estado de Derecho; democráticamente ambas posiciones, como opiniones, son legítimas, sin embargo la verdad verdadera finalmente la establecerá el Juez y esto es más democrático aún, y es lo único relevante.

Los seguidores de Uribe lo defienden y lo justifican a rabiar, pero mucho me temo que no es porque consideren que no cometió los reprochables actos de los que se le acusa, sino porque en el fondo estiman que, sean ciertos o no, el Expresidente ha actuado en bien de la patria; ¿cómo lo hizo? no importa. Es un fenómeno de ética colectiva, proclive a las salidas de fuerza, que incide en la forma de ser y de pensar de media Colombia, en la cual impera el fatídico principio de que el fin justifica los medios.

En Colombia no termina un escándalo para que empiece otro, y de alguna forma estamos acostumbrados a la corrupción de los servidores públicos y a la impunidad; sin embargo cuando los involucrados son los presidentes, estos, al terminar su período, normalmente se marginan de la política y hasta de la vida pública, en un tiempo sabático, y ese distanciamiento y la majestad que surge sobre la figura de los ya Expresidentes, de alguna manera conllevan como una especie de borrón y olvido y les confieren un estatus que los ubica en un olimpo, más allá del bien y del mal.

Pero Uribe, en su particular estilo, rompió esa tradición, no se salió nunca de la fogonera de la política y se hizo elegir senador, para seguir dando guerra y manejando los hilos de su proyecto, pero al mismo tiempo seguir bajo el escrutinio de la opinión pública, sobre todo bajo la lupa implacable de sus contradictores. Desde todo punto de vista, puede decirse que eso era innecesario y significaba un retroceso. Uribe ha debido ser más inteligente, reivindicarse con su familia y mantenerse más a la sombra, manejar su causa desde sus cuarteles de invierno y no exponerse tanto.

Si Uribe se hubiera dado su lugar de Expresidente y estadista, respetable para siempre, se hubiera evitado tanta pugnacidad y tantas investigaciones y sobre todo no se hubiera metido en el galimatías de denunciar al senador Cepeda por falsos testigos con el resultado adverso que ya se conoce.

Uribe erigió una buena obra en su primer cuatrienio, porque hizo lo que ningún presidente había hecho en 50 años, despertar el país del marasmo de un conflicto degradado y sin sentido, pero quiso ir más allá y, luego de acomodar la Constitución para tener un segundo período, siguió creciendo y alcanzó la gran estatura que tiene hoy, exponiéndose a demasiados riesgos y costos para cuidar y perpetuar su obra, los 3 huevitos, la cual está a punto de no tener un final feliz; final feliz que debió haber sido hace 10 años cuando desocupó la Casa de Nariño.