miércoles, 26 de agosto de 2026
Miscelánea - Mujeres de Ataque
miércoles, 19 de agosto de 2026
Miscelánea - 114 segundos de terror
Por James Cifuentes Maldonado
Siempre presumí de mi serenidad en los eventos naturales, especialmente en los temblores de tierra, lo que me permitía incluso apersonarme de la situación y ayudar a otros a guardar la calma y poder evacuar con seguridad el lugar donde estuviéramos. En esos momentos, no perder de vista lo que pasa en el entorno es de suma importancia para salvaguardar la integridad física propia y la de otras personas. Imaginemos lo que puede pasar si en estas situaciones todos nos volvemos histéricos y corremos como locos sin dirección, nos arrolla un vehículo o nos descalabra el muro o la teja que no vemos caer. En los eventos del 79, del 95 y del 99 yo tengo claro en qué lugar de Pereira estaba y recuerdo exactamente lo que sucedió antes, durante y después, recuerdo que ayudé a otros.
Sin embargo, esa cualidad mía no funcionó tan bien el pasado lunes 10 de agosto; a mí, como a casi todos los que nos ha tocado esta tragedia, me pareció que todo había terminado; entré en pánico y mi mente aún se niega a recordar y visualizar lo que pasó en esos 114 segundos que dicen que duró el terremoto, que hoy se ven como una eternidad; yo sabía que en 2 minutos se podía perder o ganar un partido de futbol, pero no llegué a pensar que en ese lapso tan corto se pudiera acabar el mundo, por lo menos mi mundo; en esta ocasión especialmente me aflige no recordar haber ayudado a nadie; mis instintos solo se ocuparon de mí mismo, y eso me da mucha pena.
A las 7:33 de ese día pagué la mensualidad en el parqueadero en Ciudad Victoria, crucé el túnel que conduce al edificio Torre Central y al centro comercial; justo cuando salía, antecitos de la exposición de arte de Germán Ossa, a las 7:34, el suelo empezó a trepidar, era un movimiento vertical, como cuando pasa el Megabus, alcancé a imaginar el articulado y cuando estaba cavilando que eso no era posible porque estaba muy lejos del carril, la trepidación cambió por un zarandeo de fuerza descomunal de oriente a occidente acompañado de un sonido que no puede ser otro que el sonido del infierno; literalmente la tierra bramaba y los dos edificios entre los que me encontraba crujían y se balanceaban lanzando material al aire; en el medio, la imagen del edificio Perla del Otún que literalmente bailaba, en los resortes que dicen que tiene.
De manera automática crucé todo el corredor y al final del mismo, sin recordar haber subido las escaleras, me vi parado en el andén de la calle 18, envuelto en una espesa polvareda que al disiparse un poco me dejó ver una muestra de lo sucedido; las edificaciones cercanas a la cerrera 11 ya no estaban y el Hotel Victoria estaba inclinado hacia la izquierda, doblegado pero sin caer, en medio de la destrucción.
Caí en cuenta que
minutos antes mi esposa había subido al piso 9 de Torre Central, sentí el
horror como nunca lo había sentido, porque creía que ese edificio se había
derrumbado; corrí despavorido por la peatonal, y doblé sobre la calle 17,
cuando aún caían ladrillos del Edificio de Rentas, y sobre el semáforo estaba ella,
cruzando hacia la plaza; nos miramos, no nos abrazamos pero al unísono gritamos
¡los chicos! … Los chicos estaban bien, pero la ciudad estaba
arrasada, con un centenar de pereiranos menos y cubierta por un dolor imposible
de olvidar.
miércoles, 15 de julio de 2026
Miscelánea - Carta los argentinos
Por James Cifuentes Maldonado
Queridos hermanos argentinos, cuando
estamos en la recta final del Mundial de Futbol 2026 y su selección se ha
ganado un cupo entre los 4 equipos que optarán por levantar nuevamente la copa,
ya que todos los semifinalistas ya la tienen en su estantería, me dirijo a
ustedes para contarles lo difícil que ha sido la decisión de “hinchar” por la
albiceleste, en contra de todo mi entorno en este país mío que aun respira por
la herida de esa Copa América de 2024, que nos arrebataron con ese gol agónico
de Nico González, nombre que hasta hace poco me chocaba pronunciar. Voy a hacer
fuerza por Argentina a pesar de que la mayoría de mis paisanos le apuestan a
Inglaterra.
Salvo el 5-0 de 1993 en el Monumental y
el partido aquel en el que Martín Palermo erró tres penaltis, la historia pone
a Colombia bajo la superioridad gaucha que siempre se sale con la suya y nos
supera a punta de garra, apretando los dientes y con esa actitud fastidiosa y
provocadora con la que sacan de casillas a todos sus rivales, receta que
actualmente aplican a la perfección esas bellezas del Cuti Romero, Leandro
Paredes y Rodrigo de Paul, a los que aborrecemos pero al mismo tiempo pensamos
¡qué bueno tener un jugador así en nuestro equipo!
No solo los colombianos les tenemos
tirria; en el presente mundial el mundo ya se ha dado cuenta de que ustedes son
muy suertudos o es que hay una mano invisible que siempre les ayuda, ejemplos:
Les dieron sedes que implicaron desplazamientos mínimos entre partido y
partido; en el camino a cuartos, aunque tuvieron dificultades como con Cabo
Verde, se enfrentaron con seleccionados sin títulos y de la parte baja del
ranking mundial, y, para completar, Messi, la pulga, que debió ser expulsado en
el primer partido por una falta aleve contra un rival, que el árbitro pasó por
alto, ya acumula 8 goles y es más estrella que nunca.
Sin embargo, me late que en el fondo la
bronca que les tenemos a los argentinos, en el futbol, por supuesto, salvo por
las dudas en las decisiones arbitrales que siempre los favorecen, es más que
eso, quizás hay algo de envidia, porque nunca hemos logrado tener un equipo
como el que ustedes tienen ahora, un puñado de jugadores, algunos con caras de
niño que, cuando se les acaba el talento y se les embolata el resultado, sacan
ese plus, esa fuerza extra que les permite remontar y ganar, más guapeando que
jugando.
He buscado razones para alentar por
Inglaterra, y francamente no encuentro ninguna, mientras que con Argentina me
identifico por muchos motivos, entre otros, el idioma, el tango, Soda Stereo,
Les Luthiers, el asado, el vino Malbec, la admiración por Francisco, el Papa
futbolero y la extensa geografía de un país que en 2009 tuve la oportunidad de
recorrer en bus, desde Buenos Aires hasta la Patagonia, pasando por Mendoza,
donde pude comprobar que los argentinos son gente chévere, siempre que a los
hombres se les hable de futbol y de política y a las mujeres no se les lleve la
contraria.
Es posible que no se lo merezcan, pero
contra Inglaterra, equipo más compacto y quizás con más méritos, este miércoles
seré argentino, porque, así como me cuesta mucho preferir al hijo del vecino,
no soy capaz de sacarme el alma suramericana.
Adenda. Argentina merece jugar la final,
… y también merece perderla.
miércoles, 1 de julio de 2026
Miscelánea - La campaña no acaba
Por James Cifuentes Maldonado
Históricamente cada elección ha tenido su intensidad, que luego solía ser olvidada, porque, hasta ahora, lo bueno de estos procesos era que pasaban, la vida volvía a la normalidad y cualquiera que fueran los resultados, nos apropiábamos de la llegada del nuevo mandatario al que simplemente habríamos de gozar o de sufrir, según la perspectiva. Sin embargo, yo no recuerdo una campaña tan tóxica y tan desgastante, desde muchos puntos de vista, como la que acabamos de sortear a la presidencia de Colombia, y que al parecer no termina, por los ecos y las quejas que resuenan por parte del gobierno electo que pretende que el aparato estatal quede congelado hasta el 7 de agosto, para que no le amarren cargos ni le raspen la olla, frente al gobierno saliente que quiere seguir acomodando sus fichas y, para completar, ha salido ahora con el galimatías de la desobediencia civil pacífica, por aquello de la múltiple nacionalidad de Abelardo de la Espriella.
Tengo la percepción de que esta vez el ambiente de confrontación no va a parar y que nos iremos así por los próximos 4 años. Pareciera que no basta con los reconocimientos de los ganadores y de los perdedores, como ya ha sucedido, sino que habría que ir más allá, quién sabe hasta dónde, en el desprestigio mutuo de las partes que pretenden continuar la discusión, desbordando los límites políticos, entre quienes simplemente deberían dedicarse unos a gobernar y los otros a oponerse activa y reflexivamente sobre aquello que no les parezca, como lo dicta una real y sana democracia.
Por la forma en que la campaña ganadora hizo su propaganda quedaron varias, digamos “heridas”, que no deberían serlo, por lo frívolo del tema en el que se ambientaron, aunque de ninguna manera irrelevante; me refiero al acierto de la campaña de los defensores de la derecha de incorporar a su publicidad los colores de la bandera como telón de fondo de su mensaje patriótico, que tanto éxito les significó, potenciado ello además por la muy conveniente circunstancia de que las últimas semanas del debate electoral coincidieron con el inicio del Mundial de Futbol, en medio de constantes polémicas, por un lado por el uso de la camiseta de la selección de futbol, que ya no se supo si era un acto de entusiasmo por la tricolor o un acto velado de proselitismo y en algunos momentos hasta de provocación, y, por otro lado, las aparentes posturas políticas de los jugadores. Por suerte prevaleció la prudencia, la mayoría se tragó el sapo y la cosa no trascendió.
Pero el daño ya estaba hecho, muchos se previnieron, evitaron ponerse la camiseta y le cogieron pereza al mundial, un evento, en esta ocasión, llevado al máximo nivel del mercantilismo y de la indolencia, donde se cantan canciones fraternas y de unidad, mientras el mundo arde en guerras, se persiguen y se reprimen inmigrantes, en tanto la gente compra entradas de 3000 dólares y el show se refuerza con una pausa por tiempo para hidratación (léase, para vender más pauta).
En mi caso, ya elegido el tigre y cuando vencí el cargo de conciencia por entretenerme con futbol y alimentar la egolatría nacional, mientras el mundo resiste y la sociedad colombiana se odia, me puse la camiseta pero ese mismo día tembló en Venezuela dando lugar a un desastre cuyas dimensiones aún no se saben, pero que se vislumbran terribles.
He celebrado el
paso de Colombia a segunda ronda y las proezas de Ecuador y Paraguay, pero pesa
más el sentimiento de culpa que la alegría.
miércoles, 24 de junio de 2026
La “patria milagro”, sin milagros.
Foto:noticias.autocosmos.com.co
sábado, 13 de junio de 2026
El Grupo Firme en Pereira
Por James Cifuentes Maldonado
Una de las cosas que nos suceden con la edad y que nos avisan que nos volvimos viejos, es que perdemos el gusto a los espectáculos masivos, ir a conciertos ya no nos interesa tanto cuando pasamos de los 50 y menos cuando le perdemos el paso a la actualidad musical, cuando ya no sabemos cuál es el artista del momento y no sabemos qué canta. Hace unos dos años alguien me recomendó “El Beneficio de la duda” la canción del Grupo Firme, la escuché y de una, sin duda, la sumé a mi lista personal de Spotify.
Me impresionó la fuerza y la capacidad de la interpretación que hace el vocalista principal de la agrupación. Pero hasta ahí; luego me di cuenta que el Grupo Firme al igual que otros exponentes del género Regional Mexicano y la llamada Música de Banda, prácticamente se tomaron el gusto de gran parte de la juventud en Colombia. Anoche tuve la oportunidad de comprobarlo con cierto asombro. Acompañé a mi hijo al concierto, donde además de ver en escena a Jessi Uribe y a El Binomio de Oro de América, disfruté de “La Última Peda”, el show del Grupo Firme, ambientado inicialmente por la Banda Siempre Firme, igualmente de gran calidad.
El espectáculo muy bueno; el vocalista principal, Eduin Caz, sensacional, nunca había visto una entrega y un compromiso de un artista con el show y con la premisa de agradar a la gente como el de este señor anoche. La segunda voz igualmente muy buena pero creo que el sonido no le ayudó; pero quizás tenga que ver más con el hecho de que Eduin tiene un chorro de voz tan potente que hace ver poco al resto. En fin fueron 3 horas de canciones, entre originales y covers muy bien adaptados con ese gusto especial que tienen los instrumentos de viento, con ese sello mexicano que tanto ha gustado y tan alineado con la música Popular nuestra.
El aforo en el estadio quizás no fue el esperado; calculo que asistieron unas 15 mil personas, tal vez menos, pero los que fueron y se quedaron hasta el final se lo gozaron, los artistas, la organización y el empresario del evento cumplieron. La preocupación que yo tenía sobre afectaciones a la infraestructura del estadio, considerando que lo están interviniendo para modernizarlo, fue infundada porque todo, hasta donde vi salió, bien. Hubo orden y cuidado.
El aspecto que no me pareció tan positivo y que corresponde a los adultos morigerar y precisar a los jóvenes, es que el show entre canción y canción fue muy insistente e inductivo a la ingesta de alcohol; yo entiendo que es una fiesta para alegrar el espíritu, no en vano se trataba de “la última peda” y que los patrocinadores son las licoreras que deben hacer su negocio; pero tanta insistencia en que la gente bebiera me impresionó y me pareció desmedida; o quizás simplemente la razón es que me volví viejo.
Como no hay felicidad completa, nos quedamos con las ganas de escuchar EL AMOR DE SU VIDA, el tema más sonado del Grupo Firme.
Aquí les dejo mí registro en vivo de la canción que hizo conocer a la banda en Colombia, El beneficio de la duda, y que anoche pagó la boleta, aunque cantaron muchas otras que yo no me sabía, pero los chicos sí.
https://youtu.be/2n7mjsAFXUQ?si=4a_ak4RcsqETIL4K
jueves, 28 de mayo de 2026
Miscelánea - Especial de elecciones.
Por James Cifuentes Maldonado
Lo que yo veo en la mesa para este domingo en las presidenciales:
Quienes piensan votar por Iván Cepeda, más o menos saben cómo sería un gobierno de izquierda, por lo que ya se ha visto en este cuatrienio en el que termina la primiparada progresista encabezada por Gustavo Petro, con una mayor reivindicación de la justicia social, sin duda, pero con una gran torpeza en la forma de comunicar sus decisiones, en la conformación de su burocracia y sin poder desmarcarse de los escándalos y de la sombra de la corrupción. Permanece en el aire la incógnita sobre el genio y el talante de Cepeda como gobernante, tan diferentes a los del fogoso e imprudente Petro. Punto a favor de Cepeda, su reflexividad, su pausa y su serenidad; punto en contra, precisamente esos mismos atributos, que no le permiten el histrionismo y el tremendismo con el que a la gente de hoy le gustan las campañas.
Quienes piensan votar por Paloma Valencia, y no solo ellos, en realidad todos los colombianos, ya saben cómo sería su gobierno, porque el sector latifundista y agropecuario que representa ya ha gobernado, lo hizo en los 8 años de Uribe, en los primeros 4 de los 8 de Santos y en los 4 de Duque. En este caso no hay novedad ni misterio, ya se sabe cómo opera su mano dura y su corazón grande. Punto a favor para Paloma, que es mujer; punto en contra, que su jefe de debate, al que ella le dice papá, es un histórico de la política que se niega a jubilarse y que cada vez que habla le quita votos a la candidata.
Quienes piensan votar por Abelardo de La Espriella, no tienen ni idea de cómo será un gobierno suyo, porque carece de antecedentes políticos y porque ha pasado por encima de los dirigentes tradicionales, tomándose a la fuerza el liderazgo de la extrema derecha en Colombia, aunque la principal razón que hace impredecible a de la Espriella, su carta de presentación, es su éxito defendiendo los intereses de personas (clientes) de dudosa reputación que la opinión pública ha considerado por anticipado culpables, lo que por sí solo no es cuestionable, porque se trata de un ejercicio profesional y todos, hasta los más crueles delincuentes, tienen derecho a la defensa; lo inquietante es que el próspero abogado, autodenominado tigre, pueda llegar a “defender” los destinos del país con la misma oscuridad ética y moral y los mismos esguinces jurídicos con los que ha ganado sus juicios, con el daño que eso le pueda hacer a la sociedad colombiana. Punto a favor para Abelardo, su capacidad de leer el momento actual de una sociedad polarizada y hablar como a las mayorías les gusta que les hablen. Punto en contra, su tendencia a sobreactuarse con su humor y su locuacidad, que le hacen ver chabacano y poco serio.
Y finalmente, quienes pensaban votar por Sergio Fajardo o por Claudia López, o aún siguen con esa intención, deben estar muy tristes, porque esos candidatos que eran los que más se acercaban al pensamiento de centro y que más representaban la moderación, sacrificaron sus oportunidades en el altar del egoísmo, perdieron como cuando la Selección Colombia pierde el partido porque todos los jugadores quieren meter el gol, porque no entendieron que podían jugar como equipo. Para estos candidatos no hay nada a favor, a pesar de sus calidades todo está en su contra, porque la razón de su fracaso es que en la radicalización de la sociedad actual el centro no existe y la gente no quiere moderarse.
Lo que ha de ser, que sea.





