miércoles, 18 de marzo de 2020

Miscelánea, Enemigo Público


Por James Cifuentes M.

La salud mundial está siendo amenazada por un riesgo biológico, un virus, en una situación jamás vista. Por supuesto que la historia da cuenta de otras pandemias, incluso más catastróficas que lo que pudiera llegar a ser la del denominado COVID-19; la más reciente hace 100 años, la llamada gripa española que asoló varios países  entre Estados Unidos y Europa, con 40 millones de muertos, algunos dicen que las cuentas estuvieron mal hechas, que fueron 100 millones.
Lo distinto ahora, en este mundo interconectado, es que todo cuanto sucede se sabe de manera inmediata y quienes le damos la importancia que amerita a la situación, hemos venido haciendo seguimiento desde cuando la noticia se reducía a la costumbre exótica de algunos chinos de comer sopa de murciélago, y que al parecer, no está comprobado, habría dado lugar al ataque viral que nos ha puesto en jaque.
Pero la noticia ya no es noticia, es una cruel realidad que ya no podemos seguir viendo en perspectiva, desde la distancia, como un problema que les sucede a otros; como casi todo, como la guerra que mayormente sufren los colombianos en algunas regiones y que los citadinos ignoramos.
En principio lento y luego con una progresión exponencial, en la radio y la televisión, casi que en vivo y en directo, nos han venido haciendo el inventario de los infectados y de los muertos, primero en Asia, luego en Europa y, como si se tratara de una inundación inevitable, en América y en Colombia, el agua ya nos está mojando los pies y esperamos no nos llegue al cuello.
Cada vez estamos más seguros que ninguna prevención es exagerada, las experiencias de Italia y España así lo indican. Mientras en Colombia estamos suspendiendo reuniones y actividades aun con cierto escepticismo, en Paraguay desde cuando apareció el primer infectado declararon la cuarentena general.
Que es terrible, sí, y puede ser peor, un viaje sin retorno para miles de personas, si no acatamos las medidas y no nos autorregulamos. Por eso es inaceptable que, declarado el cierre de las entidades educativas, los niños hayan seguido jugando en las calles, y los jóvenes rumbeando, como si nada,… ¿y los padres? … bien gracias, comprando papel higiénico.
La alcaldía decretó rigurosas medidas sanitarias, con el cierre de muchos establecimientos y ordenó el toque de queda para unos segmentos de la población; decisiones muy duras para cualquier gobernante; Carlos Maya hace lo que tiene que hacer y es justo y sensato que los pereiranos le correspondamos.

jueves, 12 de marzo de 2020

Miscelánea 12/03/2020

 
Por James Cifuentes Maldonado
 
He vivido en un permanente conflicto con el tratamiento mediático que se les da a las mujeres, cuando se pretende defender sus derechos y su condición dentro de la sociedad, de una manera contraproducente que termina mostrándolas como inferiores o desvalidas. No creo que la mujer sea por principio o por definición débil o vulnerable, como se les hace ver; más bien creo que ha faltado mucha conciencia sobre la igualdad entre géneros, para admitirnos todos y todas como valiosos y fuertes, con potencialidades en todos los ámbitos, propiciadas precisamente por la diferencia.
Destinar un día para "celebrar” la importancia de las mujeres es chévere, pero es perpetuarnos en una discriminación de ribetes peyorativos. Yo admito que la realidad histórica muestra que la mujer ha debido librar una lucha para reivindicar sus derechos civiles, económicos, laborales y políticos, pero eso ha sido una barbaridad, no ha debido ser así, porque esa lucha ha estado basada en la necesidad de derrumbar barreras artificiosas, producto de la ignorancia, cimentadas en la religión y en la política, tradicionalmente dominadas por el machismo.
No tiene mucho sentido un día para la mujer, o un día para el hombre, cuando ambos se dan significado mutuamente, como el ying y el yang, o el cóncavo y convexo del que habla Roberto Carlos en la canción.  En buena hora, creo que hoy las mujeres tienen un lugar y un espacio plenamente reconocido, por el avance de la razón y la civilización.
Ellas siempre han trabajado y han sido el alma de la familia, pero el resto de los caminos hacia su realización intelectual, profesional y hasta espiritual estuvieron plagados de absurdos, como en la carta en la que Pablo le decía a Timoteo que las mujeres no debían hablar en el templo, porque Adán fue primero y Eva llegó después.
Afortunadamente, en Corintios 1-11, leemos: “Por supuesto que para el Señor, la mujer no existe sin el hombre ni el hombre sin la mujer.”, y en el versículo 12: “Porque si la mujer procede del hombre, a su vez, el hombre nace de la mujer y todo procede de Dios.”.
Un día es muy poco, casi nada; yo respeto y valoro a las mujeres siempre, como esa mitad y ese complemento infaltable; esa alianza eterna sobre la cual se ha construido el mundo; pero, para no quedar políticamente incorrecto, envío mi felicitación a la mujer madre, a la mujer esposa, a la mujer trabajadora, a la mujer profesional, a la mujer científica, a la mujer líder,  incluso a la mujer astronauta,... a todas.

miércoles, 4 de marzo de 2020

MISCELÁNEA 04/03/2020


Por James Cifuentes Maldonado
Pensar con el deseo, es una expresión que solemos utilizar cuando esperamos que algo suceda, porque así lo queremos, porque nos parece, porque no hay duda que es lo que más le conviene a uno o a toda la comunidad, pasando por alto, la cruda realidad y las razones que, analizadas con cabeza fría, hacen que una determinada iniciativa sea inviable.
En los grandes proyectos, personales o colectivos, esa objetividad que tantas veces nos frustra, se resume en un solo factor: No tenemos plata; y si no tenemos plata pues hay que esperar.
Esa pareciera ser la conclusión a la que se llegó en reciente sesión ordinaria del Concejo Municipal de Pereira, cuando prácticamente se descartó, en el corto y mediano plazo, el anhelo de contar con nuestro Parque Central, en los predios que históricamente ha ocupado el Batallón San Mateo que, a diferencia de lo expresado por el concejal Mauricio Salazar, a mí sí me incomoda, porque ya no se justifica semejante desaprovechamiento de un espacio que hoy debe ser para la gente.
El Brigadier General Omar Esteban Sepúlveda Carvajal, comandante del Batallón de Ingenieros del Ejército Nacional, con su exposición ante los cabildantes, literalmente nos bajó de la nube y nos hizo entender que nos falta mucho pelo para el moño si de verdad queremos pensar en el traslado del Batallón San Mateo. En cifras gruesas, la reubicación de esa locación militar cuesta unos 200 mil millones de pesos y, al parecer, esa astronómica cifra solo refiere al componente logístico para acondicionar el perímetro y la seguridad en la sede pretendida en el sector de Miralindo en la Virginia, es decir que no comprendería la nueva planta física.
Los terrenos del San Mateo, que constituyen el corazón de la ciudad, no son nuestros y si queremos recuperarlos, hay que casar mucho dinero, justo lo que no hay, lo que nos pone a reflexionar sobre la primacía del bienestar general y si ese interés superior debería llevar al Gobierno Nacional a ponerse la mano en el considere y a proyectar los recursos para que Pereira pueda desarrollar el lote principalmente como un parque tecnológico y una reserva ambiental, y no tengamos que urbanizarlo para asegurar su sostenibilidad, y en esto sí estoy de acuerdo con el concejal Salazar.
Hoy el Parque San Mateo es una quimera; así lo han entendido nuestros concejales, ante la frialdad de los números, pero no puede dejar de ser un gran sueño por el que debemos seguir trabajando. … Con lo sucedido en el Concejo, siento que bajamos los brazos.

miércoles, 26 de febrero de 2020

Miscelánea 26/02/2020

 

 
Por James Cifuentes Maldonado
 
 
Jugada la sexta fecha de la Liga BetPlay, Deportivo Pereira suma 10 puntos que lo ubican en la parte alta de la fase todos contra todos, en un torneo corto y peligroso para los equipos de la cola que luchan por conservar la categoría. Puede decirse, literalmente, que estamos en presencia de dos competencias diferentes, la que disputan los equipos que tienen 100 o más puntos en la escala del descenso, a partir de Envigado, Patriotas y Pasto hacia arriba, y la de los que están por debajo de esa medida, Chicó, Jaguares y nuestro Grande Matecaña.
 
El fútbol organizado es un negocio privado que se rige por sus propias reglas, dictadas en Colombia por la todopoderosa Dimayor, las cuales obviamente están determinadas por las fuerzas y conveniencias de la economía y del mercado, como toda actividad capitalista, donde se mueven peces grandes y peces chicos. Por ello, en el rentado nacional se presenta una situación que desafía los límites del sentido común y de la justicia, puesto que los equipos que cada año son promovidos a la primera división, deben cargar el pesado piano que les significa arrancar en el fondo con el puntaje del peor equipo que se salvó del descenso en el torneo anterior.
 
Para este año la brecha ha sido de casi 20 puntos, respecto de los equipos que están fuera de la zona de riesgo, lo que prácticamente hace concluir que, a pesar del mérito de haber ganado dos torneos en el mismo año en la B, Deportivo Pereira en realidad no está ascendido sino que juega en primera con una especie de matrícula condicional, que le exige hacer un esfuerzo mayor y desequilibrado para poder quedarse.
 
Reza el latinajo: “dura lex, sed lex”, o más parroquialmente, “en Colombia la ley es para los de ruana”, y por eso pensar en que cada año los dos últimos equipos de la A desciendan y que los dos primeros de la B asciendan, sin el embeleco del promedio, sería una obviedad y una simpleza que amenazaría a los mal llamados equipos históricos, sin los cuales el espectáculo no estaría garantizado; por eso hay que tener los pies sobre la tierra y entender que, tal y como funciona el fútbol profesional en Colombia, el desafío de permanecer en la A es grande; tenemos una sola posibilidad entre tres; pero en esa disputa hasta ahora el Pereira ha mostrado el mejor nivel y tiene los argumentos futbolísticos para refrendar su promoción y ponernos a celebrar nuevamente en diciembre.
 
El Deportivo Pereira, con sus hinchas fieles y sus 76 años, es más histórico que cualquier otro. Saludos.

miércoles, 19 de febrero de 2020

Miscelánea 19/02/2020




Por James Cifuentes Maldonado


Dicen que la calle 21ª , que en otrora fue el acceso principal al centro de la ciudad, fue concebida como un gran bulevar desde la carrera 14, a la altura del Parque Olaya, que iría hasta la carrera tercera, pero que algunos propietarios, que licenciaron construcciones nuevas sin que se les impusieran los retiros correspondientes o que, habiéndoseles impuesto, las autoridades no se los hicieron cumplir, literalmente se atravesaron e impidieron que la iniciativa se terminara como estaba pensada y por esa razón es que esa calle monumental, se cierra abruptamente al llegar a la carrera séptima.

Dicen que el proyecto de deprimido o paso a desnivel y rotonda que exige la intersección de Corales, para que cumpla a cabalidad con la demanda de movilidad  del sector, no se pudo implementar, porque los costos que significaría la compra de los predios donde actualmente funcionan dos estaciones de servicio eran inmanejables, por su exorbitancia; que la aspiración de los propietarios podría ascender a los 35 mil millones de pesos, una friolera muy superior incluso al costo mismo de la solución vial con todos los juguetes, lo que hizo inviable una negociación y mucho más una expropiación.

Y entonces, se pregunta uno ¿Hasta dónde debe llegar o hasta dónde es razonable que prevalezca el interés general sobre el particular? ¿Es justo que la calle 21ª no haya desembocado con toda su amplitud original en la carrera 3ª, y que por culpa de eso hayamos frustrado un desarrollo distinto, más cómodo y de mayor calidad  para nuestro Centro? ¿Es admisible que la solución vial más importante para el suroccidente de Pereira, que dicho sea de paso, es la única zona de expansión de la ciudad, donde todo crece y se multiplica menos las vías, consista en una glorieta de mayores dimensiones que la actual, pero que a la larga se convierta en un nudo de carros más grande  y más difícil de cruzar?

La capacidad de anticiparnos a esos desafíos y la forma en que planeamos y ejecutamos las soluciones, nos definen como un pueblo grande o un pueblo chiquito, que avizora la ciudad para los próximos 50 años  o que no es capaz de ver más allá de sus narices.

Necesitamos más soñadores como Henry Carvajal, que ve autopistas y viaductos por todas partes y como Hernán Roberto Meneses, que se ha atrevido a imaginar un tren rápido que nos conecte con Cali en hora y media.

Alcalde y Gobierno Nacional, necesitamos a Cerritos surcada de avenidas por todos sus flancos, para que el progreso de Pereira no se detenga.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Miscelánea 12/02/2020



Por James Cifuentes Maldonado


Volví a ver “Cóndores no entierran todos los días”, la película  basada en la novela de Gustavo Álvarez Gardeazabal, que aborda el tema de la violencia partidista y sectaria de Colombia en los años 50 con los famosos “pájaros”, asesinos a sueldo que mataban en defensa del “gobierno legítimamente constituido”, según el adoctrinamiento del Partido Conservador de la época; Protagonizada por Frank Ramírez en el papel de León María Lozano, a quien en el Valle del Cauca apodaron el “Cóndor”, tristemente célebre por ser el equivalente al más fanático paramilitar, con la misión de defender la patria limpiándola  de liberales.

Una frase de la cinta retumba en mi cabeza, cada vez que considero los fenómenos criminales tan ajenos a la comprensión humana: “es cuestión de principios”, que el director, Francisco Norden, puso en labios del Cóndor, para expresar que su macabra causa era un asunto de elemental justicia, que ejecutaba no como algo personal sino como un acto sublime de necesidad y de obediencia a los designios del Partido, por el bien de la Nación y de la Fe, pero que yo al final entendí como que el problema de matar radica en hacerlo por primera vez. Muerto el primero, dos o tres, o cincuenta “muñecos” más, da igual, eso no altera ni agrava para los asesinos la circunstancia de haber transgredido el lindero ético del respeto por la vida, cuando la vida deja de ser sagrada.

Muchos nos preguntamos cómo carajos es que en este país aún se asesina casi un líder social por día y más de 300 por año, sin establecerse quién los mata; y todo ello ante el silencio infame de muchos dirigentes políticos y de ciertas élites de la sociedad que convenientemente niegan el conflicto y van por ahí repitiendo que se trata de ajustes de cuentas entre delincuentes comunes, retaliaciones del narcotráfico, cuando no por ropa extendida o líos de faldas.

La violencia por motivos ideológicos en Colombia jamás se ha ido, ha evolucionado y hoy se comporta como una empresa fantasma movida por hilos invisibles, gente “de bien”, que ostentan el monopolio de la moral y el entendimiento sobre qué es lo que más le conviene al país y saben reconocer, de entre los muertos, a los que “bien mueren”.

Adenda. La semana pasada un abogado y un juez lloraron en un juicio, por la violación y muerte de un solo niño, y nos recordaron que un monstruo torturó y mató casi 200; quizás para Garavito, en su aberración, matar también fue una “cuestión de principios”, que tampoco fuimos capaces de ver ni evitar.

miércoles, 5 de febrero de 2020

Miscelánea 05/02/2020

Por James Cifuentes Maldonado

Aunque se trate de minutos, la espera se hace eterna en un trancón o en lugares como un banco, un supermercado o la EPS; el tiempo transcurre lento y se abren unas pequeñas ventanas de ocio fisgón, que nos permiten ver cosas y fijarnos en detalles que normalmente en el agite de la vida moderna pasan inadvertidos, porque nada importa más que nosotros mismos y abrirnos paso para llegar a dónde vamos; lo demás no existe.
Hace poco, en la fila de una de esas tiendas de bajo costo, había junto a mí una señora y más atrás una joven muy bonita, que luego supe era la hija, de unos 23 o 24 años la cual se me adelantó para hacerse al lado de su mamá; la señora que debía tener unos 65 años, se acercó suavemente al oído de la joven, como pidiéndole algo, obteniendo como respuesta un sonoro grito, o más bien un atronador berrido, que casi la despeina; diciéndole: ¡Mamá! ¡Se espera!; me quedé pasmado y la chica ya no me pareció tan bonita; se volvió fea.
Nadie está exento de afrontar un mal día y seguramente la joven de la que aquí hablo tenía algún motivo para estar contrariada, pero como cristiano de tradición a mí me enseñaron Los Mandamientos y se me quedó gravado muy especialmente el cuarto, que indica que debemos honrar padre y madre, y por ello veo con asombro y no entiendo cómo los hijos y las hijas de hoy en día le faltan al respeto y hasta maltratan a sus progenitores.
El anterior incidente, aunque reprobable e indignante, resultó minúsculo frente a la noticia que me topé luego en las páginas de El Diario, según la cual un muchacho de 19 años, en el sector de Potro Rojo, mantenía en un régimen de terror a sus hermanos y a su mamá a la cual golpeaba constantemente, llegando incluso a tumbarle un diente y a arrastrarla por la casa, como entiendo lo relató la policía.
Y ahí, qué podría decirse; quizás la culpa es nuestra; y doy alcance a una maravillosa columna recientemente publicada por el Padre Pacho titulada “Hipersensibles”, en la que desnuda la realidad de los hijos que desde hace un tiempo venimos criando y cuya sobreprotección y comodidades los han hecho “flojos, frágiles, fáciles  y alérgicos al fracaso”; yo agregaría arrogantes.
Los padres modernos, en algunos casos por exceso de amor y en otros por irresponsable generosidad, en el afán de evitarles carencias y sacrificios  a los hijos, estamos construyendo unos dictadores perversos y egocéntricos, a los que no importa cuánto les demos, parece que siempre les quedamos debiendo.
Algo anda mal, reflexionemos.