miércoles, 7 de octubre de 2026

Miscelánea - Diario de un pequeño milagro

  


Por James E. Cifuentes M 

Llega un momento en la vida en el que las visiones de padres e hijos empiezan a correr por caminos diferentes, como en universos paralelos, con algunos puntos de confluencia, especialmente aquellos que nos recuerdan que, aunque ellos (los hijos) crezcan, jamás la tarea estará completa y siempre, de una forma u otra, vendrán a nosotros para resolver alguna cuita o suplir una necesidad. Los hijos, cuando son adolescentes, sabemos que los tenemos, sabemos que nos aman, así no nos lo digan muy a menudo y a veces se sienta que el papel más predominante de los papás es el de proveer, ya que en materia de cariño es más notorio el de las mamás. 

Corría el mes de abril de 2026 y mi hija estaba super entusiasmada con el anuncio de la gira que BTS haría por Latinoamérica, incluida Colombia con dos conciertos en Bogotá, el 2 y el 3 de octubre. BTS es un grupo juvenil surcoreano que, aunque no inventó el género ha llevado el llamado K-Pop a la máxima expresión, en proceso que inicia en 2013 y se interrumpe entre 2022 y 2023 por cuenta del servicio militar que en Corea no tiene excepciones, así se trate del grupo musical más famoso del planeta. Esta circunstancia le dio una connotación especial al grupo que lo relanzó y los volvió a poner en la cima, cautivando a dos generaciones en todo el mundo. El tema se resume en que son un fenómeno comercial, con sus pintas, sus canciones y especialmente sus coreografías. 

Isabela, empezó a planear lo que sería el viaje, cómo se habría de desplazar a Bogotá, dónde se habría de alojar y, lo más importante: La compra de la boleta. Como era previsible, las boletas se agotaron en un 2x3 y con ello se diluyó la ilusión de mi hija; fue frustrante. 

5 meses después, el martes 29 de septiembre, un día normal, serían quizás las 3 de la tarde cuando “mi muchacha” me llamó por WhatsApp, le respondí en la forma acostumbrada y al otro lado de la línea una voz quebrada en llanto, en una mezcla de excitación y desgarro me decía: ¡papá, no sabes lo que acaba de pasar!, yo imaginé lo peor, que había una tragedia en casa, pero era todo lo contrario; seguidamente, aun atacada en sollozos y emoción, Isabela me dijo: ¡papá lo logré, compré la boleta! 

Se hizo el milagro, y no propiamente el de la patria del tigre, que sigue pendiente, sino el milagro de Isa, quien por obra y gracia de una liberación de boletas obtuvo la suya, en medio de una puja virtual en la plataforma de Ticket Master, literalmente corriendo y luchando codo a codo con miles de personas por un cupo, y lo consiguió, una boleta, una entrada, que era mucho más que eso, que valía oro, que representaba mucho en la vida de ella, aunque a mí me pareciera absurdo, aunque no lo pudiera entender. 

Sin posibilidad para reservas de avión, viajamos a Bogotá por tierra, en una verdadera odisea que me permitió entender la dimensión del evento, puesto que fueron casi 90 mil personas que asistieron en las 2 fechas, la mayoría chicas. Tampoco yo estaba solo, fueron muchos los papás que acompañaron a sus hijas, algunos incluso pagando boletas revendidas 4 millones, para un show que transcurrió en dos horas, mientras ellos esperaban afuera del estadio. 

Para mi hija era un sueño, que algunos quizás juzgarán frívolo; mi sueño era su cara de satisfacción al regreso. Ambos lo logramos.

1 comentario:

  1. Total... Todo buen Papa le ha pasado o le pasara, un partido, un fiesta, un evento...o algo mas simple, buen relato.

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