miércoles, 9 de septiembre de 2026

Miscelánea - El tiempo que importa

 


Por James Cifuentes Maldonado

 

Esculcando en mi álbum digital, buscando una foto que me tomé con mi amigo Helmuth Voelkl, al que aprecio mucho y saludo hoy en su convalecencia, luego de ir y venir varias veces del 2026 al 2020 y viceversa, viendo tanta gente, tantos momentos y tantas imágenes, cada una con su propia historia, me invadió una sensación extraña y una inquietud sobre la forma en que vivimos la vida. No me quería soltar a hacer la reflexión porque este tema es un lugar común prácticamente de todas las personas, con el cliché de que “lo verdaderamente importante es vivir el momento” y, como dice la canción de Camilo Sesto, el agua pasada no mueve molinos. 

La afirmación sobre el valor del tiempo presente me pareció vacía, que no dice nada, porque la realidad es que muchos individuos, dentro de los que me incluyo, no vivimos bajo esa premisa y en su lugar nos alimentamos del pasado, nos angustiamos con el futuro y poca relevancia le damos a lo que nos sucede y lo que vivimos hoy, malgastando horas y hasta días, tiempo precioso, enredados en amarguras de cosas que ya pasaron o fabricando miedos sobre lo que está por venir. 

Para poner la cosa en términos prácticos, una de las situaciones más comunes de pérdida de tiempo y de energía es cuando nos dedicamos al prejuicio, cuando hablamos cosas de las que no sabemos o sobre personas que no conocemos, en esa tendencia que tenemos a creer que todo cuanto pasa merece o requiere nuestra opinión, fenómeno multiplicado a la máxima potencia con las redes sociales. 

En algunos casos, nos devanamos el seso pensando en los motivos que otra persona pudo haber tenido para haber actuado de tal o cual manera con la que me siento ofendido, irrespetado o ignorado, de tal suerte que suponemos cosas y elucubramos, en un desgaste inútil e innecesario, cuando la mayoría de las veces esa persona cuya actitud nos roba la calma ni siquiera se entera del predicamento en el que estamos y muy seguramente su actitud no se originaba en nada que tuviera que ver con nosotros; porque nos puede el ego y olvidamos que cada quien tiene su propio mundo y su propio centro, que no somos nosotros. 

Le conté estas cuitas a mi hija y me permití aconsejarle que trate de vivir en el presente, no de manera retórica, sino de verdad, aplicada con el cuerpo y con la mente en las acciones que le demanden cada día, sin tanta preocupación por lo que ya pasó o lo que viene, porque del pasado solo nos quedan enseñanzas y el futuro solo nos sirve para soñar, en tanto que el presente es la prueba de fuego permanentemente que nos permite demostrarnos a nosotros mismos que no hemos vivido en vano, que, aún con errores, hemos aprendido, que somos mejores y porque al mismo tiempo, con las cosas que hacemos en el ahora, aunque no sintamos que sea así, estamos construyendo lo que seremos y nos pasará mañana. 

Hija, le dije, - Entre tú y yo hay 40 años que hacen la diferencia, tú tienes 40 años para mirar hacia adelante y yo 40 años para mirar hacia atrás, por eso lo que tú me enseñas me es útil ahora mismo, en la ignorancia y la permanente novedad que son mi presente, y lo que yo te enseño a ti te servirá después, cuando la experiencia te permita entender la forma y el tiempo en los que me tocó vivir a mí.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Miscelánea – Batalla cultural en las aulas

 


Por James Cifuentes Maldonado 

Interesante debate al que asistimos recientemente en el programa radial 6 A.M W, entre los congresistas Luis Miguel López  del partido conservador y Laura Daniela Beltrán, Lalis, del Pacto Histórico, alrededor de la iniciativa legislativa planteada por la nueva ministra de educación Viviane Morales, para desmontar, según la funcionaria, la presunta ideologización de la formación en colegios y escuelas. 

Lo que dijo la ministra: "… una tarea importante de este Gobierno es restaurar principios, valores, sacar la ideologización del país y respetar el derecho de los padres en la educación; muchas veces los padres ni siquiera saben lo que se les está enseñando a sus hijos y estamos revisando los materiales escolares todos, para garantizar que de verdad los padres lleven a cabo su labor de cuidado y de seguimiento de la educación (…) especialmente en el programa de educación sexual integral". 

El representante López manifestó su oposición al adoctrinamiento que se estaría haciendo de los escolares en el actual modelo de educación en Colombia e hizo un llamado para que los padres de familia recuperen o tengan un papel más protagónico en la formación de sus hijos.  Al consultársele sobre la forma en que él considera se estaría materializando la ideologización de la educación, no supo citar casos concretos; situación que fue aprovechada por la representante Lalis para señalar categóricamente que el representante López estaba faltando a la verdad, y que, desde cuando se dio esta discusión en Colombia, nunca se ha demostrado que exista material pedagógico ni las famosas cartillas en las que se dice, se está haciendo apología de la orientación de género en Colombia. 

Sobre la cultura Woke la representante Lalis hizo la precisión en que en realidad se trata de un movimiento cultural,  que en su momento tuvo que ver con las luchas raciales en los Estados Unidos y luego con la reivindicación de los derechos de la de la minorías y la inclusión de las mismas en la sociedad y no como se está interpretando actualmente por las comunidades religiosas, en el sentido de estar generando una adoctrinamiento en favor de la orientación de género; en su lugar, aseveró la representante, lo que queda en evidencia es que el representante López desconoce el contenido de los currículums académicos de los colegios y escuelas de Colombia. 

El periodista Jorge Espinosa, dando alcance a la frase utilizada por la ministra Morales, en el sentido de qué de las aulas de los colegios había que “sacar a Marx para meter a Dios”, le pregunta al representante López si esa propuesta no es está igualmente cargada de ideología, planteamiento que el político no supo responder ni desvirtuar. 

Al final, de la postura del representante López y del gobierno, lo que ha quedado en el aire es la intención decidida de excluir la educación sexual en los pénsum académicos, para que ese tema sea del resorte exclusivo de los padres de familia, a la usanza antigua, donde los temas sexuales o de reproducción eran tabú. Esto es lo que en la era del tigre han venido llamando la “batalla cultural”, que de entrada se vislumbra inconveniente porque ese nombre denota un ánimo de confrontación pero porque además desconoce que el espectro de la cultura de una nación es mucho más amplio y necesariamente debe comprender la pluralidad. 


Adenda. El tema religioso es taquillero, por la innegable importancia que reviste el componente espiritual para los seres humanos, pero sucede que defender la existencia de Dios es una creencia, tan respetable como decir que Dios no existe. Por eso el Estado colombiano es laico, según lo dicta la constitución,  y por lo tanto la educación debe estar al margen de esa discusión.