miércoles, 24 de junio de 2026

La “patria milagro”, sin milagros.

 


 
Por James Cifuentes Maldonado
 
 
Mucho me pregunto por el motivo que nos enfrenta; unos quieren que la economía fluya y que el éxito sea de los mejores, de los más trabajadores y de los más emprendedores, como en una especie de selección natural, pero no tanto para mejorar y preservar la especie como la de Darwin sino la nuestra, la versión criolla del “sálvese quien pueda” y que en la vorágine de los mercados “coma más hojaldra el que más saliva tenga” y del otro lado, en el otro espectro, hay muchos que esperan que igualmente la economía funcione, porque la historia ya nos ha comprobado que no hay otra verdad más palmaria que la del valor del capital para construir prosperidad, esos que al mismo tiempo esperan que el Estado genere las correcciones que lleven a nivelar la cancha para aquellos que tienen menos oportunidades y que necesitan que la legislación tenga enfoques diferentes, que piense en las minorías, en los menos poderosos, para que accedan al bienestar y a la realización dentro de la sociedad.
 
Esas dos visiones a las que me he referido son las que estuvieron en juego el pasado domingo con el resultado que ya conocemos. La democracia ha decidido que retornemos a los valores y principios conservadores de la derecha, lo cual no puede significar que debamos seguir en una confrontación tratando de eliminar la visión del progresismo que no ganó, y mucho menos ahora cuando las dos orillas ideológicas predominantes en Colombia han quedado prácticamente emparejadas y cuando ambas son legítimas e incluso están llamadas a complementarse. La disputa por el poder ya está resuelta, la institucionalidad ha funcionado, para los próximos 4 años el modelo económico ya está elegido; en adelante la preocupación y la energía debe centrarse en permitir que los llamados a gobernar gobiernen para todos, como lo han prometido.
 
Quienes me conocen saben que soy un hombre de buena fe, no comulgo con la premisa aquella de que “piensa mal y acertarás”, soy optimista y bien intencionado por naturaleza, lo que me lleva quizás a la ilusión, que alguien podrá llamar ingenuidad, de pensar que la forma tan agreste en que se dio la campaña por la presidencia de Colombia, sobre todo por el lado de las toldas del felino, ha sido solo estrategia y táctica y que el tigre dejará atrás los discursos para su sola manada y asumirá las voz del estadista que necesitamos para aproximarnos al sueño de país de todos, no solo de la mitad.
 
Adenda 1: Yo soy de los que porfían en creer en el romance, en la fantasía, en el buen humor, en la poesía y en el amor, de los que seguimos “firmes” pero en creer que la humanidad puede ser mejor. Tenemos nuevo Presidente, como Jurado que fui y como colombiano, estoy tranquilo con el resultado, cuya estrechez deja muchas reflexiones. La abultada votación total es un triunfo de la democracia. Me inquieta sí que el presidente de la Espriella anunciara la “Patria Milagro”, aclarando que él no va a hacer milagros; el tiempo nos dirá eso con qué se come. 
 
Adenda 2. Veo la jugada del Cucho Hernández que dio lugar al tercer gol de Colombia contra Uzbekistán, y concluyo: A veces lo más meritorio no es nuestra propia gloria, sino ser parte de la gloria de todos. James Rodríguez pasó a la historia por 6 goles, en especial uno; el Cucho será recordado por una asistencia.

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