Por James Cifuentes Maldonado
Lo que yo veo en la mesa para este domingo en las presidenciales:
Quienes piensan votar por Iván Cepeda, más o menos saben cómo sería un gobierno de izquierda, por lo que ya se ha visto en este cuatrienio en el que termina la primiparada progresista encabezada por Gustavo Petro, con una mayor reivindicación de la justicia social, sin duda, pero con una gran torpeza en la forma de comunicar sus decisiones, en la conformación de su burocracia y sin poder desmarcarse de los escándalos y de la sombra de la corrupción. Permanece en el aire la incógnita sobre el genio y el talante de Cepeda como gobernante, tan diferentes a los del fogoso e imprudente Petro. Punto a favor de Cepeda, su reflexividad, su pausa y su serenidad; punto en contra, precisamente esos mismos atributos, que no le permiten el histrionismo y el tremendismo con el que a la gente de hoy le gustan las campañas.
Quienes piensan votar por Paloma Valencia, y no solo ellos, en realidad todos los colombianos, ya saben cómo sería su gobierno, porque el sector latifundista y agropecuario que representa ya ha gobernado, lo hizo en los 8 años de Uribe, en los primeros 4 de los 8 de Santos y en los 4 de Duque. En este caso no hay novedad ni misterio, ya se sabe cómo opera su mano dura y su corazón grande. Punto a favor para Paloma, que es mujer; punto en contra, que su jefe de debate, al que ella le dice papá, es un histórico de la política que se niega a jubilarse y que cada vez que habla le quita votos a la candidata.
Quienes piensan votar por Abelardo de La Espriella, no tienen ni idea de cómo será un gobierno suyo, porque carece de antecedentes políticos y porque ha pasado por encima de los dirigentes tradicionales, tomándose a la fuerza el liderazgo de la extrema derecha en Colombia, aunque la principal razón que hace impredecible a de la Espriella, su carta de presentación, es su éxito defendiendo los intereses de personas (clientes) de dudosa reputación que la opinión pública ha considerado por anticipado culpables, lo que por sí solo no es cuestionable, porque se trata de un ejercicio profesional y todos, hasta los más crueles delincuentes, tienen derecho a la defensa; lo inquietante es que el próspero abogado, autodenominado tigre, pueda llegar a “defender” los destinos del país con la misma oscuridad ética y moral y los mismos esguinces jurídicos con los que ha ganado sus juicios, con el daño que eso le pueda hacer a la sociedad colombiana. Punto a favor para Abelardo, su capacidad de leer el momento actual de una sociedad polarizada y hablar como a las mayorías les gusta que les hablen. Punto en contra, su tendencia a sobreactuarse con su humor y su locuacidad, que le hacen ver chabacano y poco serio.
Y finalmente, quienes pensaban votar por Sergio Fajardo o por Claudia López, o aún siguen con esa intención, deben estar muy tristes, porque esos candidatos que eran los que más se acercaban al pensamiento de centro y que más representaban la moderación, sacrificaron sus oportunidades en el altar del egoísmo, perdieron como cuando la Selección Colombia pierde el partido porque todos los jugadores quieren meter el gol, porque no entendieron que podían jugar como equipo. Para estos candidatos no hay nada a favor, a pesar de sus calidades todo está en su contra, porque la razón de su fracaso es que en la radicalización de la sociedad actual el centro no existe y la gente no quiere moderarse.
Lo que ha de ser, que sea.

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