Por James Cifuentes Maldonado
Cuándo se creía que las aplicaciones de streaming, las redes sociales y la multiplicación de las pantallas, habían hecho olvidar el cine como una alternativa de entretenimiento, encontramos que nuevamente la gente se está animando a ir a la salas, a ver producciones en gran formato, para sentir lo que sólo se puede sentir en un teatro, con el sonido envolvente, el olor de las crispetas y ese sabor inconfundible del perro caliente que solo hacen en Cine Colombia o en Cinemark.
Pues bien, la semana pasada me dejé tentar por una invitación a ver la película Michael, y de verdad que no me arrepiento ni un minuto de haber acompañado a mi prole a ver tan excelente producción. Si de antemano nos dicen que van a dar una película que habla sobre la vida de Michael Jackson, pues uno se puede imaginar muchas cosas, pero muy seguramente quienes vivieron la época, las personas de mi generación y que conocieron todo el desarrollo de la carrera artística del Rey del Pop, muy seguramente imaginarían que se trataría de la parte oscura y no de la más brillante.
En un poco más de dos horas nos muestran los inicios de Michael Jackson al interior de su familia y de la agrupación que su padre conformó con todos sus hijos, y que llamó los Jackson 5, de donde luego se hizo muy difícil que Michael que era la estrella principal se separara para construir su propia historia de éxito. Lo que vemos allí es un padre obsesionado porque sus hijos triunfen y al que se le va la mano en la disciplina, llegando al maltrato, en especial de del más pequeño que luego se haría gigante, Michael.
Además de su genialidad, lo que sobresale en Michael es que es muy diferente, de otro nivel, con su voz suave y sus maneras delicadas y una aparente debilidad, que en realidad esconde una personalidad arrolladora, de carácter, de persistencia, y sobre todo de creatividad aplicada a la música y a todo lo que de ella se puede derivar, no solamente canciones, sino además videos y grandes coreografías con los que revolucionó la industria audiovisual, de la mano de su principal aliado, el productor Quincy Jones.
La película, que se desarrolla con gran respeto por sus protagonistas, con gran pureza y cero morbo, nos da un paseo por los momentos más fulgurantes y especiales de la vida de Michael Jackson. También algunos pasajes de dificultad como cuando tuvo que lidiar con su padre en la disolución de los Jackson 5 o cuando, rodando un comercial, sufrió graves quemaduras en su cuero cabelludo.
Al final, pareciera que la película queda inconclusa, pero no, simplemente se acaba en el momento en que Michael toca el punto más alto de la gloria, en uno de sus conciertos más memorables, Live at Wembley, en Londres. Después de todos sus éxitos y todos sus premios y de toda su fama y toda su fortuna, todos sabemos lo que siguió en la vida de Michael Jackson, pero no nos debe importar; vale más conservar en la retina al cantante y al bailarín que inspira y sigue inspirando a muchas personas.
Hay que ver Michael, una película que pone nuevamente sobre la mesa el complejo tema de la descalificación moral que en un momento dado podemos hacer de los artistas, olvidando que son humanos, e incluso llegándolos a destruir, desconociendo lo más valioso e irrepetible que tienen, su talento.

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