Por James Cifuentes Maldonado
En la víspera de Semana Santa, fatigado por la recurrencia de los temas en la emisora y el mismo carrusel de noticias, decidí apagar la radio, mamado de tanto escuchar hablar de Ricardo Roa y su posible salida de la presidencia de Ecopetrol, por cuenta de negocios de dudosa ortografía.
Normalmente escucho Caracol, pero les confieso que ya no tengo ni idea qué sintonizar, porque no me puedo quitar la permanente sensación de que en Colombia a las noticias “les meten” la mano, que los medios no son confiables; los medios tradicionales, porque obedecen a los intereses de los dueños y los medios alternativos, los originados en la proliferación de la tecnología y las redes, porque necesitan audiencia y monetizar los clics a como dé lugar.
El hecho es que ya en Pascua, intentando retomar la rutina laboral y ponerme al día en el nuevo acontecer de la nación y del mundo, enciendo la radio y ¡oh sorpresa! la conversación sigue siendo Ricardo Roa y la insostenible situación como presidente de la petrolera colombiana; ahí siguen los periodistas con el sambenito de que el alto ejecutivo tendría que apartarse de su cargo, para no afectar la reputación de la empresa y especialmente el comportamiento de la cotización en bolsa.
Entiendo que lo que ha pasado en este caso del señor Roa es que éste adquirió un lujoso apartamento en Bogotá en condiciones tales que no es claro ni transparente de dónde procedieron los recursos, ya que el pago se habría hecho por parte de un tercero, teniéndose indicios de que ese pago lo habría hecho un empresario del sector minero energético, generando un presunto conflicto de intereses, y para agregar una nota más escabrosa al asunto, se dice que el señor Roa remodeló el apartamento y que el pago de la remodelación, según cuenta el arquitecto que la llevó a cabo, se habría hecho en efectivo que se le fuera entregado en una caja.
El asunto ya está siendo investigado por la Fiscalía y, por sus características, es de suma gravedad; pero son precisamente las autoridades en el marco de los procedimientos y con el rigor correspondiente, las llamadas, a establecer la realidad de los hechos y que, de las probanzas que resulten, se hagan las imputaciones y se desprendan las consecuencias respectivas. Pero no, en lugar de esperar a que ello suceda, la prensa colombiana se ha dedicado en este caso, en particular a hacer un despliegue que desborda la misión de informar, al punto que, por el tono en que los periodistas se refieren al señor Roa, pensaría uno que han tomado partido y que hablan en favor o en representación, no de la opinión y de la moralidad pública, sino de alguien o de alguna causa en particular.
A ultima hora, el
señor Ricardo Roa, producto de una decisión bien dividida y discutida por parte
de la junta directiva de Ecopetrol, ha debido apartarse de la riendas de la
petrolera, primero en ejercicio de vacaciones causadas y luego en ejercicio de
una licencia no remunerada hasta el mes de junio, pasadas las elecciones, en
tanto la investigación avanza y se aclaran las aguas. El periódico El Tiempo en
su medio digital, hizo despliegue del hecho como si fuera un revés del gobierno
del presidente Petro, en claro reflejo del manoseo político al que me refiero.
